Teatro y novela: la doble vida de Emilio Carballido

 

Miguel Ángel Quemain

 

Un sol brilla sobre la obra de Emilio Carballido (Córdoba, Veracruz, 1925) e ilumina su dramaturgia, una luna platea su narrativa.

Su producción dramatúrgica, más de cien obras, contrasta con la breve obra narrativa. Sin embargo sus novelas y cuentos forman parte de un universo de preocupaciones compartidas y complementarias a la dramaturgia. Pero en su narrativa hay una particularidad que da esa dosis de nostalgia y de amor por el pasado que no tiene una presencia tan intensa en su teatro.

No es una tarea sencilla indagar en el sentido que uno y otro aspecto de su producción cobran en la totalidad de una obra rica y diversa ya que Carballido se opone sistemáticamente a racionalizar los procesos de creación que mueven su obra ("en primer lugar, este tipo de preguntas siempre trata de racionalizar cosas que no son necesariamente racionales") y sostiene que toda la gente que quiere escribir sobre procesos creativos, parte de una impresión totalmente falsa: "creen que el proceso creativo es algo lúcido, deliberado y metódico, como si se tratara de algo mecánico y pues no. En general el trabajo proviene de zonas oscuras".

-¿Intuición?
-Puede que sí. La intuición puede ser la creación misma. Pero al tiempo que hablo reflexiono y me corrijo: no le llamaría únicamente intuición, sería otra cosa, algo más que intuición, algo mucho más complicado, que puramente intuición. No sé exactamente cómo funcione pero te puedo decir que cuando manejo nunca pienso que voy a meter el clutch y luego la velocidad y que aceleraré al momento que desahogo el clutch. Si lo hiciera de esa manera chocaría. En el terreno literario esa rutina se llama naturalidad.

-¿Ese algo más que la intuición le permitió prever un horizonte creador de producciones planeadas, consecutivas?

-No, como crees. Lo que sí pasó fue mi decisión de escribir. Fui un niño precoz: empecé a escribir en mi infancia y seguí escribiendo hasta que de pronto empecé a adquirir un nivel profesional, eso ya fue en la facultad (Maestría en Letras y arte dramático, UNAM). Lo que te modela es el contacto con los compañeros. Con ellos sucede lo mismo, se trata de correspondencias y reciprocidades. Claro, unos más que otros. La relación entre Rosario Castellanos, Luisa Josefina Hernández, Sergio Magaña y yo fue muy fuerte. Teníamos muchas cosas en común. Para mi fue muy importante sobre todo la inteligencia, la penetración con la que te oyen y te dicen esto sí, esto no. Fue como una forma inconsciente de taller.

-¿Usted ha decidido considerarse más dramaturgo que narrador?, ¿Se siente parte de una generación de narradores o de dramaturgos?

-Yo formo parte de una generación de escritores. De Rosario Castellanos hablan siempre como poeta pero realmente las obras que le dieron un peso y una difusión universal fueron las novelas. Rosario Castellanos es autora de un libro precioso: Los convidados de agosto, pero se volvió una artista universal con Balum Kanan, que muy rápido fue traducida a una decena de idiomas. Pero la gente piensa más en Rosario como poeta y la verdad es que fue un poeta extraordinario. Otro gran poeta de esa generación es Bonifaz Nuño, que despuntó con su propia voz mucho más tarde. Pero somos una generación de escritores, lo que pasa es que yo fui el dramaturgo pionero y el que empujaba a los demás al drama. A empujones me llevaba yo a los narradores hacia el drama. Así fue con Sergio Magaña y Luisa Josefina Hernández. Convencerlos fue muy grato para mí porque ya no estaba sólito sino que se conformó una generación de dramaturgos.

-Usted eligió formar parte de esa generación....

-Sí y no. El azar determina muchas cosas. Yo venía de estudiar leyes, donde la pasé muy mal. Había escrito una pieza teatral en vez de repasar mis lecciones de legislación. Llegó la época de exámenes y mejor me dediqué a escribir mi segunda obra. No me quise seguir engañando y me fui a Filosofía y Letras. Conocí y conviví con Sabines, Sergio Galindo, Otto Raúl González, Dolores Castro y muchos otros más. Pero mis compañeros más cercanos, fueron los que le mencioné: Luisa Josefina y Magaña.